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martes, 10 de agosto de 2010

Elisabeth Leonskaja: Entrevista

Elizabeth Leonskaja

La extraordinaria intérprete rusa inaugura hoy los conciertos en el Teatro Victoria Eugenia con obras de Chopin y Schumann. El arte de Elisabeth Leonskaja (Tiflis, Georgia, 1945) se extiende mucho más allá de su piano. La elegante y respetuosa solista es, además, una señora que transmite sosiego y en esta entrevista realizada por José María Cano nos revela aspectos de su vida, desde las dificultades para desarrollar su carrera en la antigua Unión Soviética hasta la capacidad de hacer hablar a la música.
- Tiene una larga carrera y una vida consagrada al piano. ¿Cómo recuerda sus comienzos? ¿Tomó usted la decisión de dedicarse a ello?
- Cuando empecé a tocar el piano yo tenía seis años y lógicamente fue mi madre la que tomó la decisión por mí. La verdad es que no me ha parecido una profesión aburrida ni un solo día de mi vida.
- Se formó en el Conservatorio de Moscú y en esos años ganó prestigiosos premios. ¿Recuerda su niñez y su juventud como especialmente duras?
- Podría contarle la historia de forma muy rápida, pero todo lo que viví entonces se desarrolló de manera muy lenta, día a día y paso a paso. Y por supuesto, todos los días no fueron soleados. A veces veía montañas justo delante de mis ojos y no podía ver nada más que eso, altas montañas que tenía que escalar.
- ¿Se refiere a las horas que tenía que emplear estudiando?
- Sí, pero sobre todo a todas las dificultades que tenía que solventar para mejorar. Rostropovich me dijo una vez que lo más difícil de todo es mejorar uno mismo. La frontera entre ser bueno y ser el mejor es muy difusa, muy fina, pero muy importante.
- ¿El gran pianista Sviatoslav Richter, con el que trabajó, también le transmitió esta idea?
- No exactamente, pero me transmitió otras muchas cosas. Pasé mucho tiempo con él y teníamos largas conversaciones. Recuerdo mi trabajo con él como probablemente una de las épocas más importantes de mi vida y todavía hoy en día tomo cosas de aquella relación. Richter fue una luz muy intensa que ha iluminado mi camino.
- En 1978 usted dejó la Unión Soviética y se estableció en Viena. ¿Por qué esta ciudad?
- Yo había tocado tres veces antes en Viena y me parecía una ciudad buena para la música. En cuanto a salir de mi país, en aquella época mucha gente lo hizo. Mi madre era judía y aunque en mi pasaporte ponía que yo era rusa, todos sabían que mi madre era judía, así que era muy difícil desarrollar una carrera profesional. Es una más de las muchas cosas absurdas que ocurrían en aquella época en la Unión Soviética. Y es increíble cómo algo tan pequeño como eso puede afectar a la vida de una persona. Afortunadamente, la vida es lo suficientemente fuerte como para superar ese tipo de cosas.
- Echando la vista atrás, ¿siente que ha tenido que sacrificar muchas cosas para dedicarse a la música?
- Sí, sin duda. Y me ha ayudado a entender que el arte es más importante que el status social, sobre todo si te tienes que exiliar, que es algo muy triste.
- El pianista Joaquín Achúcarro dice que la música tiene un mayor porcentaje de transpiración (trabajo) que de inspiración. ¿Comparte esta opinión?
- Estoy de acuerdo, pero habría que dejar claro a qué trabajo nos referimos. Invertimos toda la vida en estudiar un texto (partitura), pero la inspiración surgirá de ese texto si aprendes a entender lo que está escrito. Lo que quiero decir es que la inspiración te viene del trabajo que inviertes en la lectura de ese texto.
- Entonces, ¿no es necesario tener ningún tipo de cualidad innata para ser un buen pianista?
- Sí, porque tienes que hablar con tus manos a Dios y al público y para eso se tiene que nacer. Hoy en día se pueden aprender muchas cosas con un alto nivel, pero no se puede alcanzar ese estado si no has nacido para ello.
- Los músicos, y sobre todo, los pianistas, pasan solos muchas horas. ¿Cómo lo lleva?
- Para mí no es un problema. Yo adoro a la gente, me encanta, pero también me gusta estar sola y además lo necesito. No hago nada especial para superar esta situación e incluso me gusta. Sin embargo, tengo compañeros que no soportan estar solos, como Martha Argerich o Gidon Kremer. Yo no necesito luchar contra eso, lo tomo como un hecho más de la vida.
- ¿Y los viajes?
- La verdad es que a veces se me hace muy cansado. Me gusta mucho viajar y ver sitios nuevos, sentir la vida de esos lugares. pero ya no miro por la ventanilla del avión, intento dormir y llegar a mi destino.
- ¿Cómo se concilia una vida de artista con la familia?
- Depende de cada caso. Por ejemplo, la cosa cambia si tienes hijos. Yo no tengo hijos, aunque me hubiera gustado, por lo que lo tengo más fácil. Otros, como Vladimir Ashkenazy, viajan con toda la familia y conozco a mujeres músicos que en un momento de su carrera incluso han enviado leche materna por paquetería express para alimentar a sus hijos.
- A estas alturas de su carrera, ¿tiene un horario fijo de estudio?
- Estudio todos los días, pero el horario depende de los viajes. Lo importante es trabajar con espíritu.
- Hoy interpretará en San Sebastián la 'Sonata nº 2' de Chopin. ¿Por qué esta obra?
- Porque para mí es una sonata española. Chopin la compuso cuando estaba con George Sand en Valldemossa (Mallorca). Cuando la estudié en el conservatorio de Moscú mi profesor me dijo que el último movimiento era el 'viento de la libertad'. Cuando a los años me invitaron al Festival Chopin de Valldemossa, salí a pasear entre campos de olivos y escuché el sonido del viento. Entonces entendí lo que quería decir mi profesor y a partir de aquel día cambié mi manera de tocarlo, así como la 'Marcha fúnebre' y el 'Scherzo', que me sugiere las pinturas negras de Goya.
- También ofrecerá los 'Estudios sinfónicos' de Schumann.
- Sí, pero previamente tocaré 'Papillons', porque después de Chopin me parecía un poco fuerte empezar directamente con ellos. Todo en Schumann es increíble y estos estudios son su obra más sinfónica.
- Tanto Chopin como Schumann son autores que ha tocado a lo largo de su carrera. ¿Ha cambiado su visión de ellos? ¿Cree que son más adecuados para un intérprete joven o para uno con experiencia?
- Algunas versiones de sus obras las he cambiado, pero otras no. En cuanto a la interpretación de una pieza, yo creo que si sabes usar la experiencia en cualquier disciplina artística es muy importante, siempre y cuando sea fruto de la experiencia y no de la automatización de una rutina. Y la energía de la juventud es también maravillosa.
- ¿Cómo ve la nueva cantera de pianistas?
- Hay muchísimos jóvenes con un nivel técnico muy alto, mucho más que hace veinte años.
- ¿Le queda algo por descubrir en el mundo del piano?
- ¡Claro! Necesitaría cinco vidas o más para tocar todo lo que hay escrito para piano.


Tercer Movimiento de la Sonata Nro.17, Op. 31 Nro. 2 " La Tempestad" de L.V. Beethoven:
Piano: Elisabeth Leonskaja



Mozart - Grieg Sonata K.545 "Sonata facile" in C major - I. Allegro

Richter y Leonskaja


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